El 19 de marzo de 1996, Rosario Central se encontraba en una situación complicada en la Copa Libertadores, enfrentándose a Boca Juniors en un partido crucial. Después de perder 2-0 en la ida en La Bombonera, el equipo de los Canallas necesitaba una victoria contundente en el Gigante de Arroyito para avanzar en el torneo.
El ambiente en el estadio era electrizante. La hinchada, conocida por su fervor y pasión, llenó las gradas, creando una atmósfera que se podía sentir en cada rincón del Gigante. Con este apoyo incondicional, los jugadores salieron al campo con una determinación que se tradujo rápidamente en acción.
Apenas a los cinco minutos del partido, el delantero de Central, el legendario Eduardo "Chacho" Coudet, abrió el marcador. Su gol fue un grito de aliento para los miles de aficionados que esperaban ansiosos una remontada. El primer tiempo culminó con un 1-0, pero el equipo necesitaba más para igualar el marcador global.
En la segunda mitad, la intensidad del partido se incrementó. Central continuó presionando, y la defensa de Boca se mostró vulnerable. En el minuto 70, otro gol de Coudet, tras una jugada colectiva impecable, hizo estallar de alegría a los hinchas. El 2-0 significaba que el partido se iba a tiempo extra, y el sueño de avanzar a la siguiente ronda estaba más vivo que nunca.
El tiempo extra fue un verdadero espectáculo. Ambos equipos lucharon por el control, pero fue Central quien, con el apoyo de su afición, encontró el camino hacia la victoria. En el último suspiro del partido, un gol de penalti de Mario Yepes selló la remontada histórica. El 3-0 final no solo significaba la clasificación, sino que se convirtió en un testimonio de la garra y la determinación de un equipo que nunca se rindió.
Este partido no solo quedó grabado en la memoria de los hinchas, sino que también estableció un precedente en la historia del club. La capacidad de Rosario Central para levantarse en momentos críticos ha sido una característica que ha definido al equipo a lo largo de los años. La remontada de 1996 se recuerda hoy como un símbolo de lucha y pasión, un momento que continúa inspirando a nuevas generaciones de Canallas.
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